En mi primera
visión Grupo 7 era un 7. Era una película en la que en sus distintas partes por
separado resultaban más que notables: sus interpretaciones, la ambientación, la
música o su montaje. Pero que no terminaba de tocarte el corazón en su conjunto,
a pesar de contar con momentos realmente dramáticos.
Viéndola una
segunda vez, la película te deja más poso. Conoces mejor a los personajes, sus
miedos y sus ambiciones (o no-ambiciones), y entras con ellos en ese mundo
sórdido que describe la Sevilla antes de la Expo. Descubres también el cuidado
con el que su director, Alberto Rodríguez, realiza cada escena y el esmero que
pone en los pequeños detalles de cada plano.
El elenco de
actores está genial y me llevé una grata sorpresa al comprobar que Mario Casas no
era sólo una cara bonita. Hubiera estado más que justificada su nominación en
los goya.
La película arranca
con una gran secuencia de persecución, lo que le da todos los números para que
gane el goya al mejor montaje. Y en su inicio empatizamos con el personaje de
Mario Casas y, por contra, sentimos cierto rechazo al personaje de Antonio de
la Torre. Es los arcos de transformación de estos personajes una de las causas
que nos dejarán cierto malestar al final de la película.
En los goyas, Grupo
7 lo va a tener complicado para llevarse algunos premios, pese a contar con 16
nominaciones. Si hay alguno en el que parte de favorito es en el de montaje. Del
resto, pocas o ninguna posibilidades. Una pena que Estefanía de los Santos no
logre el goya a la mejor actriz revelación, pero ha de luchar por él con la
mismísima Blancanieves.
La secuencia
favorita de Alberto Rodríguez:
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