(… y sigue)
Pasos dramáticamente intensos, sorprendentes y coherentes: Una película está explicada a partir de pequeños fragmentos, de pequeños pasos.
Cuando comenzamos a pensar una historia, hacemos la primera macroestructura, es decir, hacemos el argumento en diez o quince líneas contando la historia. Evidentemente, no entramos en detalles, sólo destacamos lo más relevante. Entonces, una vez pensado el argumento hemos de pensar en los detalles, en los pequeños pasos que componen la historia, en sus secuencias y éstas han de ser intensas, sorprendentes, y también: coherentes y veraces.
Una historia se puede contar como alguien que necesita conseguir un objetivo y le cuesta Dios y ayuda llegar a él. Y es esta dificultad, este dolor, el que hace que la historia sea punzante, dramáticamente intensa,…
Entonces aplicaremos esta lógica en cada paso, en cada secuencia:
- Definiremos quien es el protagonista de cada secuencia;
- Cual es el objetivo del protagonista de la secuencia;
- Y, la dificultad que le ha costado conseguir ese objetivo.
Del 10 al 12: Otra regla de oro. Los botones del volumen van del 10 al 12. Cuando trabajemos una secuencia hemos de intentar llegar al 10, y una vez que hemos llegado a este 10 preguntarnos cómo podemos llegar al 11 y luego … al 12. Tenemos que intentar hacer no sólo una gran secuencia, sino una secuencia extraordinaria.
Un ejemplo de esta regla lo podemos ver en La jungla de cristal 2. Como se han estrujado los guionistas en darle una vuelta de tuerca más para ponérselo más difícil a Bruce Willis:
La regla del 3: La última regla de oro del día. Si a un personaje sólo le cuesta una acción conseguir su objetivo, podemos decir que le ha costado poco. Si al segundo intento lo logra, se habrá esforzado, pero sólo un poco. Si le ha costado un tercer intento después de dos fracasos, podemos empezar a decir que le ha costado.
La regla del 3: La última regla de oro del día. Si a un personaje sólo le cuesta una acción conseguir su objetivo, podemos decir que le ha costado poco. Si al segundo intento lo logra, se habrá esforzado, pero sólo un poco. Si le ha costado un tercer intento después de dos fracasos, podemos empezar a decir que le ha costado.
Albert después de explicar está regla, nos ha pedido que la aplicáramos en un ejercicio individual y para ello nos dio cinco minutos.
Un buen ejemplo de la regla de 3, lo pudimos ver en el doodle de Google para el día de San Valentín:
Al final de la clase nos dividimos en los grupos para seguir nuestras historias para intentar perfilar el segundo acto. Nuestro grupo de terror hizo honor a su nombre y no dimos pie con bola. Apenas avanzamos. Y cuando al final de la clase Albert vio como llevábamos nuestro trabajo, decidió ponernos deberes para el próximo día, sobre todo para ponernos ciertos límites a la historia con el fin de llevarla a buen puerto.
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